374º fragmento -Empieza (aunque sea imperfecto)

Hubo un tiempo en el que necesité de una fecha significativa en el calendario para emprender cambios si había alguna cosa con la que no estaba satisfecha en mi vida.

Algunas, eran pequeñas cosas, otras, suponían cambios mucho más significativos y difíciles de llevar a cabo, y tal vez necesitaban ser fragmentadas en pequeñas porciones que fueran más asequibles, pero aun así, siempre necesitaba de una fecha, com o el que fuma y necesita que llegue el 1 de Enero para dejarlo, o como aquella que se ha prometido mil veces cuidarse, e inicia el gimnasio con todas las esperanzas el 1 de septiembre, después de los excesos del verano.

Creo que la primera vez que dejé de esperar a una fecha señalada o de intentar que todo fuera perfecto para hacer lo que me había propuesto, fue cuando fui madre por primera vez.

Por entonces, yo practicaba actividad física de forma más o menos regular, sin objetivos competitivos. Salir a correr, jugar al pádel , ir a nadar de vez en cuando, un poco de spinning que por entonces estaba de moda… lo que fuera con tal de moverme.

Con Daniela recién nacida, y en sus primeros meses de vida, en un inverno que recuerdo como frío y oscuro, de un cansancio infinito… no encontraba el momento de volver a retomar la actividad física, o al menos no de una forma estructurada, a la hora y los días que yo quería y con la duración que estimaba conveniente.

Como no podía ser perfecto, pues no empezaba. Retrasaba el momento y me llenaba de excusas: Alex llegaba de trabajar a las 19.30 horas, yo estaba sola con la niña, hacía frío, estaba cansada, tenía que darle de mamar (qué dolor de tetas), no había pegado ojo por la noche…

Supongo que fue por primavera.

Para mí, las cosas siempre han sido mejor en esa época, en la que todo se llena de luz y la temperatura es tan perfecta. Creo que sí, ahí fue cuando decidí que las zapatillas de correr siempre estarían cerca de la puerta, por si acaso encontraba 20 o 30 minutos en los que poder escaparme.

Dejé de ponerme una fecha significativa en el horizonte para cambiar aquello que no me gustaba, y dejé de esperar que fuera perfecto. Y funcionó.

Entonces tenía 31 años.

Mi década de los 30 fue de crianza y de no desaprovechar oportunidades. Ahora miro atrás y veo todo lo que hice a pesar del cansancio, de los tres embarazos y las tres bebés, del trabajo, de los cursos de endoscopias… y me parece que debía estar un poco loca.

Ahora, cumpliendo 48 y con septiembre a la vista, solo tengo ganas de seguir aprovechando oportunidades y de aprovecharme de todo lo que he ido aprendiendo por el camino. Empezaron a interesarme cosas que en la carrera solo estudiaba por obligación y me preocupa mucho más prevenir que curar. Devoro libros de nutrición, de actividad, física, de entrenamiento de resistencia, de todo lo que tenga que ver con hábitos de vida saludables y me he vuelto bastante exigente con la responsabilidad que cada uno tiene que tener sobre su salud.

Hubo tantas cosas que hice mal porque no sabía cómo hacerlas bien…, o porque ni si quiera sabía que estaban mal.

Me gusta como los años me han ido moldeando, porque a pesar de que pueda tener mil y un defectos, continúo esforzándome cada día por ser un poquito mejor (quizás no para todo el mundo).

Todo va demasiado rápido, no desaprovechemos el tiempo.

Haz que vaya a tu favor.

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