Pues siguiendo con lo que venía diciendo en el anterior, esto también forma parte de nuestra aventura…
• Si has decidido dar este paso, piensa en la recompensa a largo plazo. El objetivo de mi madre es perder entre 300-500 mg de grasa a la semana, poco a poco, aprendiendo a hacerlo, sin prisas.
• No pienses en ponerte a dieta, piensa en que es necesario cambiar de hábitos de vida, y que merece la pena. Es una inversión en salud. Si pudieras monetizarlo, si fuera objetivo en costes económicos, no tendría precio, ¿o no es eso lo que decimos a boca llena cuando hablamos de la salud?
• Come para vivir. Comer tiene que ser algo secundario, donde NO centremos nuestros esfuerzos ni nuestro pensamiento. Como porque quiero tener la energía suficiente para afrontar todos los retos que se me plantee en mi día a día (y necesito tener retos distintos a hincharme de comer), encontrándome repleta de energía. Si no lo hago bien, estaré cansada y malhumorada, con falta de energía, con tendencia a la depresión y obsesionada por el chocolate o cualquier dulce (la droga más adictiva conocida). La ansiedad por comer hay que mitigarla con actividad, con algo que nos llene y nos tenga entretenidos, hay que dejarse apasionar por aquello que hagamos, aunque no lo hayamos elegido nosotros. Porque si lo tienes que hacer, que sea con alegría. Si de todas formas hay que hacerlo.
• Comer lento te permite darte cuenta de que te has saciado. Masticar bien y salivar la comida. Por eso es mejor no tomar líquido en las comidas, para tener que currárselo y no facilitar las cosas tomando agua para que pase por el gaznate, más engullendo que otra cosa. Además, la digestión se inicia en la boca, con la amilasa salival que se va mezclando con los alimentos. Otra consecuencia de comer rápido es que irremediablemente tragarás más aire, lo que se traduce en más gas en el tubo digestivo, molesto y asqueroso, por el que puede que se te ocurra consultar a la médica, a ver si te dice otra cosa distinta que no sea comer con responsabilidad. Una cerveza da gases, tres ni te cuento.
• Todos los días hay que hacer algo de actividad física. Os buscáis la vida como queráis. Mejor si es dirigida y si sigue unas pautas (ejercicio aeróbico y de fuerza), pero si no, en casa, siguiendo una App o unos ejercicios fáciles que os puedan pasar (algo es mejor que nada siempre). Estáis perdiendo peso y queremos que sea peso graso, la magra la queremos intacta, que es la que nos dará felicidad y nos permitirá no ser tan restrictivas en las cantidades. El músculo es el mejor representante de nuestra salud, es lo que nos mantiene jóvenes y capaces. Cómo queráis y podáis hacerlo depende de muchas circunstancias. Si queréis más eficiencia, emplead bien vuestro tiempo, que se note que lo estáis haciendo. Se saca mayor rendimiento cuando las cosas se hacen bien, esto está claro.
• Si tienes que elegir un tipo de ejercicio, que sea entrenamiento de fuerza. El entrenamiento de fuerza, sobre todo cuando haces un tipo HIIT (ejercicios de alta intensidad interválico), te permite, por un lado, aumentar tu musculatura (o no perderla cuando estás con restricciones calóricas) y por otro lado, va a aumentar tu gasto energético basal más allá del tiempo que estés realizando el ejercicio. Es como si subieras la temperatura del horno en el que se queman las calorías, observándose que es el mejor método para mejorar la composición corporal. Recuerda que 20 minutos de un circuito de ejercicios intenso con gomas o con tu propio peso corporal es mejor que nada, mucho mejor diría yo. Por ahí tengo algún vídeo de los circuitos que hacía yo en casa durante el confinamiento, con Claudia pasando por debajo de mí, en 20 minutos lista.
Es más fácil y gratificante de lo que crees, pero todo es difícil cuando empiezas. El cambio asusta. Pero es tan necesario…

